|¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres!
Tus ojos son palomas,
detrás de tu velo.
Tus cabellos, como un rebaño de cabras
que baja por las laderas de Galaad.
∞ ∞ ∞ ∞
Tus dientes, como un rebaño de ovejas esquiladas
que acaban de bañarse:
todas ellas han tenido mellizos
y no hay ninguna estéril.
∞ ∞ ∞ ∞
Como una cinta escarlata son tus labios
y tu boca es hermosa.
Como cortes de granada son tus mejillas,
detrás de tu velo.
∞ ∞ ∞ ∞
Tu cuello es como la torre de David,
construida con piedras talladas:
de ella cuelgan mil escudos,
toda clase de armaduras de guerreros.
∞ ∞ ∞ ∞
Tus pechos son como dos ciervos jóvenes,
mellizos de una gacela,
que pastan entre los lirios.
∞ ∞ ∞ ∞
Antes que sople la brisa
y huyan las sombras,
iré a la montaña de la mirra,
a la colina del incienso.
∞ ∞ ∞ ∞
Eres toda hermosa, amada mía,
y no tienes ningún defecto.
∞ ∞ ∞ ∞
¡Ven conmigo del Líbano, novia mía,
ven desde el Líbano!
Desciende desde la cumbre del Amaná,
desde las cimas del Sanir y del Hermón,
desde la guarida de los leones,
desde los montes de los leopardos.
∞ ∞ ∞ ∞
¡Me has robado el corazón
hermana mía, novia mía!
¡Me has robado el corazón
con una sola de tus miradas,
con una sola vuelta de tus collares!|
Cantar de Los Cantares 4: 1-9
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